Cuán hermosa es esta hora en las tierras calientes ! Qué frescura la del ambiente ! Qué diafanidad en los cielos ! Qué de perfumes en los espacios !

J. David Guarín.

Grabado 37 La Ramada  pg. 108 Año 1 No. 7
Grabado 37 La Ramada pg. 108 Año 1 No. 7

Grabado ubicado en la página 108 del periódico No 7 [Año 1]

La narración también tiene el siguiente grabado:

Grabado ubicado en la página 109 del periódico No 7 [Año 1]

Estos grabados están acompañados por una narración que muestra la experiencia de unos citadinos visitando tierra caliente. Ellos parecen admirar la naturaleza de la tierra caliente, el protagonista no escatima en halagos hacia el clima, la flora, la fauna, y las mujeres. Sin embargo, desde su visión citadina también parece sorprendido por determinadas prácticas o situaciones. El fragmento que se introduce a continuación de 'Manuela' (1856) de José Eugenio Díaz podría ser, a mi parecer, un gran acompañante para este grabado.

"- Cierto, porque las tierras, como este distrito, húmedas, saturadas de sales, nitro, caparrosa y piedra azul de pizarra, y que se ablandan y se deslizan en derrumbes llevándose las estancias y los montes, son buenas para producir mucha caña y mucho plátano; pero no mucha vida, según mis observaciones de tres días a esta parte" (Díaz 20).

Demóstenes, el protagonista de 'Manuela' (1856), hace el anterior comentario hablando con Don Blas, un pueblerino. La conversación que sostenían Don Blas y Demóstenes resalta la diferencia entre el pueblo y la ciudad. Al primero le extraña la estancia de un citadino, y Demóstenes se encuentra ciertamente extrañado por algunas de sus prácticas, pero también por la reducida cantidad de personas en el pueblo. De hecho, la conversación comienza por Demóstenes preguntado a Clotilde: "¿Cómo es que habita usted en estos desiertos?" (Díaz 19), antes de entrar Don Blas e irrumpir en la conversación.

Demóstenes no duda en comentar que en un pueblo cuya tierra tiene determinadas particularidades, que dejan producir buena caña y mucho plátano, no es un pueblo que produzca mucha vida. Se podría inferir que, para Demóstenes -desde su visión citadina- la vida requiere de mucho más que solo una tierra que produce; Demóstenes parece necesitar -como lo demuestran sus quejas y comportamientos en otras instancias de la novela- abundante comida, agua limpia, hogares limpios, amplios y con todas las atenciones necesarias, libros, ropa, entre otros elementos. Todos estos elementos son los que parece añorar más mientras duerme en hamacas, con bichos alrededor, o con insuficiente agua y comida.

En cambio, aunque no haya respuesta por parte de Don Blas a este comentario de Demóstenes, se podría elucubrar sobre su respuesta. Para Don Blas, así como los que viven en el pueblo, la caña y el plátano son perfectamente capaces de ser sinónimos de vida. La tierra fértil, los cuerpos de agua, los insectos, las plantas y la naturaleza que les rodea son su manera de vivir. Bajo esta perspectiva, tiene razón Rosa -pueblerina, trapichera de Don Blas- cuando le pregunta a Demóstenes si merienda libros y ropa (Díaz 10) al enterarse que eso cargaba en la maleta. Para el citadino esos eran elementos casi vitales, para Rosa y el pueblo parecen no serlo. Sin embargo, eso no significa que no los tengan: Juanita y La Lámina leen, por ejemplo; pero ellas saben que la supervivencia no se adquiere leyendo, sino trabajando en armonía con la naturaleza que los rodea. Naturaleza que es, en sí misma, dadora de vida.


Por: Julie Guardo Quintero

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